Durante los últimos años y en especial durante el sexenio que acaba de terminar hemos venido escuchando dos líneas de la política económica de nuestro país, las cuales caen en el ámbito económico y en específico del fiscal y de comercio internacional.

 

La primera y más importante, y que a mi parecer fue uno de los más grandes errores del neo-liberalismo mexicano de la segunda mitad de la primer década del siglo XXI, es la llamada “Apertura Comercial Unilateral”, que no es otra cosa más que la desgravación arancelaria de más del noventa por ciento de los productos que importamos. Lo anterior es igual a que la mayoría de los productos que importa nuestro país entran sin pagar aranceles (que son los impuestos a la importación) o con una tasa reducida, en una primera instancia eso podría ser bueno, hay quienes podrían decir que eso nos trae más productos a mejores precios, incrementa la competitividad en el mercado nacional e incrementa la calidad de los productos, teóricamente y en algunos casos eso es cierto.

 

Pero lo preocupante es lo “unilateral”, es decir que lo hacemos sin un quid pro cuo, sin que obtengamos un beneficio a cambio de esa reducción y en algunos casos eliminación de aranceles.

 

El problema es que solamente el 15 por ciento de nuestras importaciones es destinado a bienes de consumo, es decir, a los productos que son destinados al consumo directo de la población. Mientras que aproximadamente el setenta y dos por ciento de las importaciones son bienes intermedios que se destinan principalmente a la industria maquiladora, la cual es primordialmente exportadora, por lo que un gran porcentaje de esas mercancías que se maquilan en el país regresan al extranjero, lo que hace que los productos más económicos por la reducción de aranceles sean exportados con el pretexto de incrementar la competitividad; esto es sólo un lado de la moneda.

 

El otro lado es que también en aras de la competitividad el gobierno mexicano, atendiendo a  recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ha impulsado una reducción de los subsidios a los energéticos, los cuales (según la OCDE) distorsionan los mercados internacionales y hacen más competitivos a los productos mexicanos en perjuicio de la competencia internacional.

 

La eliminación de los subsidios a los energéticos incrementará el precio de los productos mexicanos hasta alcanzar su valor real y con eso reflejar la verdadera competitividad de los productos nacionales y de la economía mexicana en los mercados globales; esto es lo que persigue la OCDE y a lo que le hace caso el gobierno mexicano.

 

Así que por un lado tenemos que los productos extranjeros entran con impuestos reducidos o sin ellos, lo que reduce sus precios y aumenta su potencial de competencia en detrimento de los productores nacionales, y por otro lado tenemos un aumento de los precios de los productos nacionales por la reducción de subsidios a los energéticos en pos de la competitividad internacional y el reconocimiento como una nación de competencia justa en los mercados globales, lo que está generando presiones a la economía nacional en vez de ayudarla a su crecimiento, del desarrollo mejor no hablamos.

 

Los resultados de estas dos líneas de la política económica demuestran los resultados de la falta de una política de desarrollo industrial coordinada que ayude al crecimiento y el desarrollo económico del país, por lo que hago un exhorto al nuevo gobierno y las organizaciones de la de la iniciativa privada a la revisión de las políticas económicas, de apoyo a la industria y de comercio exterior para que se conviertan en verdaderas políticas de impulso al crecimiento del país.